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Del corazón.

Tocamos música nacional porque nos encanta. Nuestro primer disco Variaciones Sobre Desdichas (2011) fue la transición entre la banda de Jazz que empezamos y la banda de Chicha que ahora somos. Hemos tocado en diversos festivales por el mundo y transitado variadas vías musicales, pero la Chicha, con sus melodías vigentes desde antes de los Incas, fue la única sobreviviente. Estamos orgullosos de ser la primera y única banda de Chicha Radioactiva del mundo.
Bailará vea.

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REFLEXIONES SOBRE LA HISTORIA DE LA MÚSICA ECUATORIANA

REFLEXIONES SOBRE LA HISTORIA DE LA MÚSICA ECUATORIANA

Durante estos últimos meses y por razones de trabajo he revisado la historia de la música del Ecuador y he comprendido varias cosas que desconocía o que aun sabiéndolas, no las había aclarado debidamente o no las había ponderado en su real magnitud.   La primera es cuán generosa ha sido la inspiración del pueblo […]

Durante estos últimos meses y por razones de trabajo he revisado la historia de la música del Ecuador y he comprendido varias cosas que desconocía o que aun sabiéndolas, no las había aclarado debidamente o no las había ponderado en su real magnitud.

 

La primera es cuán generosa ha sido la inspiración del pueblo para cantarle a la vida y a su tierra a través de los más variados ritmos.  Hoy, a una buena parte del público en general  y desgraciadamente también a muchos músicos, les parece que la música del Ecuador es insignificante y deleznable, entre otras cosas, por la limitadísima producción de los compositores, según la creencia general, pero la verdad es que es abundante (¿O mejor deberíamos decir fue abundante?), variada y rica.  Es impresionante la producción de compositores populares como Carlos Amable Ortiz, Francisco Paredes Herrera (el Príncipe del pasillo, a quien también se le conocía como la máquina de componer), José Ignacio Canelos,  Carlos Brito, Cristóbal Ojeda y un sinfín de cultores de la música que proviene de la tradición y de las influencias externas que cuajaron a principios de siglo y se extendieron hasta finales de los 60’s.

 La segunda está relacionada con la música académica de inspiración nacionalista.  Estoy seguro que muchos ecuatorianos no solo no podrían nombrar tres compositores ecuatorianos (de ningún género, mucho menos académicos) de música académica.  El hecho es que son muchos y prolíficos, son tantos que se han catalogado cuatro generaciones de creadores musicales de esta línea.  Aquí la producción también es abundante, los trabajos incluyen obras de gran formato como óperas (ninguna de las que se han compuesto se han presentado en el Ecuador, al menos en su totalidad, salvo el caso de Manuela y Bolívar del compositor contemporáneo Diego Luzuriaga), sinfonías (solo Luis H. Salgado compuso diez), suites, ballets, conciertos para instrumento solista y orquesta, operetas, cantatas, etc., todas éstas son formas musicales que no pudieron tener una motivación ni remotamente comercial al ser compuestas, pues nunca ha existido ni aun hoy existe, un mercado masivo que demande música académica y mucho menos nacionalista en nuestro medio.  En ellas están los rasgos inequívocos de nuestra cultura popular llevados a los formatos sinfónicos y por eso son más penosos el desdén endémico (más de cien años de indiferencia criminal) de las autoridades y la falta de difusión que se mantiene dolorosamente hasta la fecha.  La pregunta es cuándo podremos escuchar estas obras, muchas de las cuales no han sido siquiera estrenadas, cuándo formarán parte permanente de las temporadas de las orquesta sinfónicas que existen en el país y cuándo se promoverán las nuevas composiciones de este género.

La tercera es que la música del Ecuador fue hasta inicios de los setentas música de consumo de todas las clases sociales, a excepción de la alta burguesía.  Nuestros abuelos y padres bailaron los ritmos alegres de los albazos, aires típicos, tonadas y pasacalles y cantaron los pasillos emotivos y poéticos y los yaravíes que han sido llamados una especie de baladas de los Andes.  Podríamos decir que nos autoabastecíamos en términos de música, pues casi todo era producción nacional y había para todos y toda ocasión. A partir de mediados de los sesentas y más radicalmente desde los setentas, se acentúa un proceso de postergación, devaluación y olvido de los ritmos de origen tradicional, hasta llegar a la fecha, en la que casi solamente se arreglan, orquestan, “modernizan” re-encauchan, en suma, los temas que fueron popularizados en la primera mitad del siglo pasado.  El musicólogo Pablo Guerrero, hablando del dúo Benítez y Valencia señala que …Otra cuestión digna de mencionarse es que alcanzaron a realizar una gran suma de registros sonoros; nosotros logramos compilar más de seiscientas piezas musicales grabadas. Ese permitió ratificar definitivamente el cancionero o el repertorio llamado de “música nacional”. El pasillo llegó a su cúspide con estos intérpretes y los ritmos ecuatorianos como sanjuanitos, danzantes, tonadas, pasacalles, albazos y otros que les entregaban los nuevos compositores populares de su época, tuvieron el espacio para divulgarse y popularizarse. En buena medida, lo que vino después fue un seguimiento o una emulación a lo que se fue forjando alrededor del Dúo. Las piezas que originalmente grabaron los Benítez-Valencia eran regrabadas en múltiples versiones, aunque también hay que señalar que se creó una especie de escuela, indirectamente, de buscar nuevos valores de la creación para alcanzar éxito con las mejores interpretaciones.

Quedan, ante estas tres reflexiones, muchas dudas que los músicos, compositores y generadores de cultura de hoy en día deben responder pues si no lo hacen, todo el trabajo de generaciones y generaciones habrá caído en el olvido total y absoluto.  Seguramente todos nos haremos las mismas preguntas y es hora de responder cuestiones y retos con formación, información, composición, rigurosidad y excelencia, por nosotros mismos que somos, queramos o no, en tanto ecuatorianos, herederos del acervo grande y fecundo de grandes soñadores-creadores que nos antecedieron.

Jaime Portugal

3 COMMENTS ON THIS POST To “REFLEXIONES SOBRE LA HISTORIA DE LA MÚSICA ECUATORIANA”

  1. Mauricio Uquillas December 27, 2013 at 10:05 am

    Enhorabuena por sus reflexiones. Soy un amante de la música de la sierra de Ecuador, que es a lo que usted hace mención en su blog.
    Guayaquil y los pueblos y ciudades de la costa tuvieron menos acceso a esta música por las limitaciones tecnológicas propias de la época en que ellos cantaron. Me refiero a que la mayor difusión de la música de Benítez y Valencia se dio de manera local en Quito, en donde cantaron cada noche y durante mucho tiempo las Audiciones del Alma en Radio Quito. En Guayaquil, en esos mismos años tuvo gran éxito Julio Jaramillo, quién es también digno de respeto y admiración por su talento.
    Mi pasión y admiración por los pasillos la aprendí con mi padre, quién tuvo la suerte de escuchar las “Audiciones del Alma” en vivo, pues muchas veces los ensayos previos a la emisión de cada noche los hicieron en casa de mi abuela Victoria, detrás de la Iglesia de Santo Domingo. Después del ensayo, ellos subían caminando a Radio Quito. Mi padre los escucho siempre y me enseño a escucharlos.
    Me alegra mucho ver que músicos como Papaya Dada intentar rescatar algo de la abundante producción musical de esos años y que nos unió e identifico mucho, y lo hacen con mucho acierto. Espero que esta intención no decaiga y podamos seguir escuchando nuevos arreglos de la música de nuestros abuelos… Por eso, el blog podría ser… lo que nuestros abuelos cantaron…

    Un saludo cordial

    Mauricio Uquillas

  2. Jaime Portugal January 13, 2014 at 9:37 pm

    El comentario de Mauricio Uquillas me da pie para dirigir la mirada hacia la música de la costa ecuatoriana: Excelente tema, como para tesis de grado y como para misa de réquiem. Es que, al parecer, salvo el pasillo y el pasacalle, las formas musicales populares de la costa ecuatoriana están todas en desuso, por desgracia y para mal de todo el Ecuador. Quedan pequeñas muestras en los amorfinos, en algunas danzas, pero o mucho me equivoco o en casi su totalidad ya son solamente piezas de museo. El musicólogo Pablo Guerrero, en la Enciclopedia de la Música Ecuatoriana señala que “Los géneros musicales mestizos del montubio del litoral, como el caso de del moño, del amorfino, de la puerca raspada, de la polca montubia, del corre que te pincho, etc. sobreviven documentalmente gracias a investigadores como Segundo Luis Moreno, Manuel de Jesús Álvarez, Rodrigo Chávez Gonzáles, sin demostrar permanencia fehaciente en el repertorio musical del mestizo montubio” ¿No es como para llorar? Estamos, pues delante de casos equivalentes en la cultura de nuestro pueblo a especies extinguidas, de las que quedan solamente algunos esqueletos. Por cierto, el aire de esos ritmos es muchas veces en tonalidad mayor, muy diferente a la música de los andes del Ecuador, su carácter en la danza también difiere, hay que oír, aunque sea esas escasas muestras documentales. A ver si una de estas podemos pegar alguna cosa de lo recogido por los señalados investigadores. A ver si se hace algo con esto. La diferencia con especies extinguidas es que si alguien toca a porfía esta música olvidada de la costa, a lo mejor logramos el milagro de volver a la vida a algún género. ¿Qué creen? Yo sé, ya sé, me dirán que ya lo han intentado algunos grupos de Guayaquil y Manabí, Si, es cierto, pero mejor si nos sumamos, pues, caray. Opinen, jóvenes, agitemos las ideas, algo mismo, movamos algo.
    Otro rato me puedo referir al otro tema que señala Mauricio Uquillas, al monumental Jota Jota, de quien alguna cosa se puede decir también.

    Saludos.

  3. Mauricio Uquillas February 8, 2014 at 1:46 pm

    Estimado Jaime

    Me resulta sumamente agradable escuchar gente como usted, dedicada al estudio de nuestra música ecuatoriana. Mi cultura musical es básica (es de oído), del apego que me inculco mi padre por la música que se escuchaba en Quito hace varias décadas, fundamentalmente a los Benítez y Valencia, seguidos por músicos de relevancia en esos días, como Carlota Jaramillo o Huberto Santacruz con su piano, pero insisto en que carezco de su muy amplia cultura musical y mi mucho o poco criterio y conocimiento es en base a haber escuchado, más no estudiado nuestra música. Tal vez en algún momento, encuentre el tiempo y el espacio adecuado para hacerlo, antes de que me encuentre la parca.

    El momento que vive nuestro país, al ser elegido dentro de los destinos turísticos con mayor atracción en el mundo, nos debería impulsar a visitar nuestro país en sus adentros. Nuestro Ecuador rural esconde ritmos y tonalidades dignas de ser escuchadas y promocionadas. He tenido la oportunidad de escuchar y vivir de primera mano muchas variaciones musicales casi completamente desconocidas que podrían recuperarse en manos de grupos como Papayadada. Baste como ejemplo las celebraciones del “Pase del Niño” que se celebran en todos los pueblos de Ecuador. Allí las bandas de pueblo se mezclan con quenas, ocarinas y guitarras y son una verdadera fuente de inspiración.

    Tal vez el pensar en incluir un “turismo musical” en el Tren Ecuador podría ser una buena opción. Conozco muy de cerca a quienes ha hecho posible la rehabilitación de los Ferrocarriles Ecuatorianos y estoy seguro que un tema como este no pasará desapercibido.

    Seguiré observando de cerca la evolución de Papayadada. Seguro seguiremos escuchando nuevos arreglos y rescates de nuestra música antigua. Mucha suerte con ello.

    Un saludo cordial.

    Mauricio Uquillas

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